Memorias de un foco apagado

Comenzó como un día normal. El sol se asomaba sobre las montañas, las nubes correspondían a la mismísima lana de la oveja. Nadie tenía miedo, ni siquiera la luz le tenía miedo a la noche. ¿Pero qué pasó mientras el día movía sus horas? ¿Qué sucedió cuando la luna apenas se mostraba a los ojos de las estrellas de cada persona? Se quería volver invisible ante el sueño de los buenos momentos. No quería que nadie la viera.

Solo se oía el sonido nauseabundo de la sangre cortando las arterias, asfixiándolas, dejándolas sin vida, apagando una luz lentamente, dejándose llevar por el miedo olvidado de lo desconocido, de la oscuridad.

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