Época de lluvia

Es injusto, es terriblemente injusto. Todos los caídos, todos los heridos, todos los humillados son los platos rotos de un Estado que se quiebra. ¿Y dónde quedaron los pedazos? En el cementerio. ¿Y dónde quedaron los sueños? Bajo tierra. El gobierno arremete con sus armas las manos desnudas de quienes piensan distinto.

Voy a hablar y me cubres la boca, me amarras las manos y los pensamientos... con tus amenazas.

Ahí están tus mercenarios, ¿del lado de quién? De la miseria. Aquí no hay justicia, aquí no hay libertad, aquí solo hay sangre.

 En Venezuela no para de llover.

Y ya es suficiente, ¿no? De rosas blancas para despedir a las víctimas, de familiares y amigos llorando a sus muertos: por la violencia, por la delincuencia, por la represión. Ya es suficiente de padres perdiendo a sus hijos, de hijos perdiendo a sus padres: por la falta de medicinas, por la malnutrición. Ya es suficiente de este Estado fallido que mata, que humilla, que se burla en las narices de quienes están sufriendo. Ya es suficiente de esta tormenta gris que se cierne sobre Venezuela.

Se me desgastarán las suelas antes de dejar de caminar y me arderá la garganta por gritar lo que pienso, pero esta lucha no se pierde. La historia, pisada tras pisada, se comenzará a reescribir.

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