El mito de Pigmalión
Era fría como el
marfil, inalcanzable…
Cuenta la leyenda que, en la ciudad de
Amatonte, vivía un escultor de nombre Pigmalión. Aquel era un talentoso artista
que renegaba de las mujeres. Siempre con la convicción de ser ellas seres
imperfectos, resolvió por nunca casarse.
El poeta romano Ovidio narra la
soledad a la que pronto se vio expuesto Pigmalión. Sin compañía y atenido a sus
creencias acerca del género opuesto, se volcó a crear con sus manos una pieza.
Dedicó horas y horas a modelar en mármol la figura de una mujer, a la que
llamaría Galatea. La trabajaba con su cincel, la admiraba con sus ojos de
artista y de hombre. Fue así como, lo que comenzó como una obra, terminó
convirtiéndose en dicha y gracia, en el numen de su vida, en el
objeto de sus deseos.
Pigmalión se había enamorado de Galatea.
Pasaba el día contemplándola, recorriéndola con sus dedos, vistiéndola con las
más finas prendas, besándola.
Un día, cansado ya de solo sentir el calor de
su propio cuerpo al acercársele, les ruega a los dioses darle vida a Galatea.
La diosa del amor, Afrodita, escucha sus súplicas, y entonces el amor silente
de un escultor hacia la piedra, con un último beso en los labios de mármol, la
haría mujer.
… hasta que el
deseo del hombre la dotó de vida.
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